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La esperanza con una rama en el bolsillo.
El 20 de Noviembre de 2009 se cumplen 20 años de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño. Esta Convención está formada por 54 artículos que reconocen que todos los menores de 18 años tienen derecho al pleno desarrollo físico, mental y social y a expresar libremente sus opiniones.
La Convención sobre los Derechos del Niño es un tratado de las Naciones Unidas y es la primera ley internacional sobre los derechos del niño y la niña "jurídicamente vinculante", es decir, de obligado cumplimento para los Estados que la han ratificado.
Para llegar a esto hicieron falta años de negociaciones y revisiones. En 1959 las Naciones Unidas aprobaron una "Declaración de los Derechos del Niño" que incluía 10 principios. Pero esta declaración no tenía carácter obligatorio, por lo que las garantías de protección de los derechos de la infancia no eran suficientes. Entonces el gobierno de Polonia presentó en 1978 a las Naciones Unidas la versión provisional de una Convención sobre los Derechos de los Niños. Tras diez años de negociaciones con gobiernos de todo el mundo, líderes religiosos, ONG y otras instituciones, se logró aprobar el texto final de la Convención de los Derechos de los Niños el 20 de Noviembre de 1989, cuyo cumplimiento sería inexcusable para los países que lo ratificasen. En 1990 la Convención se convirtió en Ley, después de ser firmada por 20 países, España entre ellos. Hoy la Convención ha sido aceptada por todos los países del mundo, excepto Somalia y Estados Unidos.
Desde su aprobación, la infancia se considera, no ya como objeto de protección, sino como sujeto de pleno derecho. Son muchos los avances que se han conseguido desde entonces, siendo su aprobación un hecho fundamental para garantizar el desarrollo íntegro de todos los niños y niñas del mundo, y para sentar un planteamiento de desarrollo que, basado en los derechos de la infancia, contribuya a que se produzcan las transformaciones sociales, económicas y jurídicas necesarias para construir un mundo más justo.
En las leyes de cada vez más países, el castigo físico, cruel o degradante a los niños está siendo considerado ilegal. La Convención de los Derechos de los Niños compromete a los gobiernos a impartir educación obligatoria y gratuita a todos los niños y niñas al menos en la enseñanza primaria. Este hecho es importantísimo ya que la educación supone su desarrollo físico e intelectual y los protege del trabajo infantil y otras formas de explotación. Desde entonces el 86% de los niños y niñas del mundo en edad escolar están escolarizados, pero aún quedan 75 millones (fuente: Campaña Mundial para la Educación). Los gobiernos tendrán la responsabilidad de ayudar a las familias para garantizar su bienestar o a ocuparse de los niños en caso de que la familia sea incapaz de hacerlo. La tasa de mortalidad infantil se ha reducido en un 25% entre 1990 y 2006.
Es alentador leer cifras en las que podemos comprobar que hay aspectos en los que se mejora, en las que vemos que cada vez son más los niños y las niñas que pueden disfrutar de unas condiciones de vida dignas, en las que se respetan y protegen sus derechos fundamentales, en las que les permitimos vislumbrar un futuro propio y en las que caminamos hacia modelos de sociedades más sostenibles y equitativas.
Y, puestos a hablar de derechos, hablemos también de obligaciones: La Convención de los Derechos de los Niños obliga al Estado, a las familias y a la comunidad entera, a respetar la calidad de vida de los niños y niñas, sin ningún tipo de discriminación. Por tanto también a exigir a quien corresponda el cumplimiento de estos derechos.
Todo gobierno tiene la obligación de tomar las decisiones necesarias para que los niños puedan gozar de una vida digna, de tal manera que puedan convertirse en individuos democráticos y poseedores de los conocimientos necesarios para vivir de forma activa en sociedad, capaces de gobernar cualquier comunidad.
No hay excusa, por tanto, para hacer oídos sordos a las necesidades de los niñas y niñas del mundo. Tampoco una crisis económica es suficiente razón para desatenderlas. En 2009 la cifra de personas desnutridas ha alcanzado la sexta parte de la población mundial, la cifra más alta desde 1970. Teniendo en cuenta los avances conseguidos, no hay lugar a retrocesos en garantizar el cumplimiento de la Convención de los Derechos de los Niños, base para un futuro de sociedades más plenas.
"Un niño - dice Alan Beck - es la verdad con la cara sucia, la sabiduría con el pelo desgreñado, la esperanza con una rama en el bolsillo. (...) cuando usted llega a su casa por la noche, con sus ambiciones y esperanzas hechas pedazos, él puede remediarlo todo con dos palabras mágicas: Hola papito."
Parece, entonces, que aceptar lo que Alan Beck propone es creer que luchar por la felicidad del niño es también acorde a lo que nuestra vida necesita, porque es luchar también por una reciprocidad entre niños y adultos en cuanto a calidad de vida, derechos y búsqueda de felicidad.
Para terminar os dejo este vídeo de Unicef, en el que se muestran cuáles son los derechos de la infancia de forma divertida y creativa.
También el enlace a la web de entreculturas, donde podréis encontrar más información sobre la Convención de los Derechos del Niño, su celebración, sus logros y objetivos.

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